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¿Qué significa el realmente invertir?

Cuando hablamos de invertir, muchas veces aparecen palabras que parecen reservadas para especialistas: acciones, bonos, CEDEARs, tasas, mercados, dividendos, riesgo...

Pero invertir no empieza cuando comprás una acción.

Invertir empieza cuando decidís qué hacer con el dinero que no necesitás gastar hoy.

Supongamos que tenés $100.000 disponibles.

Podés gastarlos, dejarlos inmovilizados, comprar dólares, colocarlos en un instrumento financiero o invertirlos en distintos activos.

Todas son decisiones diferentes.

La diferencia fundamental es que, cuando invertís, buscás que ese dinero pueda crecer o generar un rendimiento a lo largo del tiempo, aceptando determinado nivel de riesgo.

Ahorrar no es lo mismo que invertir

Ahorrar significa reservar una parte de tus ingresos para utilizarla en el futuro.

Invertir implica dar un paso más: buscar que ese dinero tenga la posibilidad de generar un rendimiento.

Por ejemplo:

“Todos los meses separo $50.000” → estás ahorrando.

“Todos los meses separo $50.000 y los destino a una cartera de inversión de acuerdo con mi objetivo y mi perfil de riesgo” → estás invirtiendo.

No significa que una opción sea necesariamente mejor que la otra. Cumplen funciones diferentes.

El ahorro puede ser fundamental para construir un fondo de emergencia. La inversión puede utilizarse para objetivos de mediano y largo plazo.

Entonces, ¿por qué invertir?

Porque guardar dinero durante muchos años también tiene riesgos.

Uno de ellos es la pérdida de poder adquisitivo.

Si los precios aumentan con el tiempo y tu dinero permanece sin generar ningún rendimiento, con esos mismos pesos probablemente puedas comprar menos bienes y servicios en el futuro.

Por eso, una pregunta importante no es solamente:

“¿Cuánto dinero tengo?”

También deberíamos preguntarnos:

“¿Qué estoy haciendo para que ese dinero conserve o aumente su valor a lo largo del tiempo?”

Invertir no significa ganar siempre

Este punto es fundamental.

Una inversión puede subir y bajar. Una acción que compraste a $10.000 puede valer $9.000 mañana, $8.000 la semana siguiente y $12.000 algunos meses después.

Por eso, antes de invertir hay que conocer tres cuestiones:

Objetivo: ¿para qué estoy invirtiendo?

Plazo: ¿cuándo voy a necesitar ese dinero?

Riesgo: ¿cuánto estoy dispuesto a tolerar que fluctúe mi inversión?

No existe una inversión perfecta para todas las personas.

Existe una estrategia que puede ser más o menos adecuada según las circunstancias de cada inversor.

El mercado de capitales abre muchas posibilidades

Una de las grandes ventajas del mercado de capitales es que permite acceder a diferentes instrumentos.

Podemos encontrar acciones de empresas, bonos, obligaciones negociables, CEDEARs, fondos comunes de inversión y otros activos.

Cada uno tiene características, riesgos, plazos y potenciales rendimientos diferentes.

Por eso, invertir no debería empezar preguntando “¿qué compro?”

Debería empezar preguntando:

“¿Qué quiero conseguir con mi dinero?”

A partir de ahí podemos pensar qué instrumentos y qué estrategia tienen sentido.

Una inversión es mucho más que un precio

Cuando alguien empieza suele mirar solamente una cosa:

“¿Subió o bajó?”

Pero detrás de una inversión hay mucho más.

Hay una empresa, un Estado o un proyecto que busca financiación. Hay inversores que aportan capital. Hay expectativas sobre el futuro. Hay riesgos. Hay oportunidades. Hay información económica y financiera.

Entender eso es empezar a entender el mercado de capitales.

Y ese es justamente el objetivo de esta serie: recorrer el mundo de las inversiones desde cero, utilizando ejemplos simples y conceptos que puedas aplicar a tus propias decisiones financieras.

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Este blog lo escribió Emiliano Burnet, profesional en MiPerfil.ar.

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